Sentimientos de un viaje en bicicleta por la Prov. de Buenos Aires (1).

500 km separan la ciudad de Nico -Berisso- de la mia -Tres Arroyos-. Hemos hecho este camino miles de veces y siempre nos pareció igual. Luego de haber pedaleado gran parte de Argentina y Chile decidimos pedalear desde Berisso hasta Tres Arroyos. Descubrimos un camino totalmente nuevo. En esta nota te contamos cómo fue el viaje desde una manera muy particular: nuestros sentimientos.

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Luego de haber pedaleado 13 provincias argentinas y otra gran parte por Chile, decidimos pedalear nuestra provincia. Si bien ya habíamos recorrido parte de la provincia de Buenos Aires, nunca lo habíamos hecho desde Berisso -casa de nico- hasta Tres Arroyos -mi casa-.
Un camino de 500 km que hicimos miles de veces en auto cambió por completo cuando lo recorrimos en bicicleta. En esta nota te contamos los detalles más íntimos del viaje

Cuando nos preguntan cómo estuvo el viaje siempre se nos vienen distintos tipos de respuestas a la cabeza. Podemos hablar de cómo nuestro cuerpo se adaptó –o no- al camino, qué tipo de paisaje recorrimos –y cuánto nos gustó-, de las personas que conocimos, de los lugares dónde dormimos, de todo lo nuevo que llamó nuestra atención…-y podría seguir enumerando-.
Hoy queremos responder a cómo estuvo el viaje en bicicleta desde Berisso a Tres Arroyos desde los pequeños detalles que hacen al camino: nuestros sentimientos

Sentimiento hacia lo conocido

Llanura, pasto, zorrinos, vacas, alfalfa, tranqueras, zorros, cuises, tractores, caballos, insectos, campo, liebres, ovejas, patos silvestres, garzas, horneros, perdices, gallinas, pequeños pueblitos. Un paisaje totalmente conocido que nos acompañó desde niños y que sin pensarlo pasó a formar parte de la rutina, lo común, lo que ya no llama la atención. No mantiene nuestra boca abierta y no nos sorprende con un “guau, mirá eso”.
¿Por qué será que teniéndolo tan cerca nunca se nos ocurrió recorrerlo en bici? Creo que justamente fue por eso, porque “ya lo conocíamos”, dimos prioridad a lo nuevo y lo dejamos para después.
 

Después de un paisaje de lagos, después de un paisaje árido, después de un paisaje cordillerano, después de un paisaje de costa, después de un paisaje rojizo, después de un paisaje urbano, después de un paisaje de cornisa, después de un paisaje de geoformas, después de un paisaje de vientos fuertes, después de un paisaje de frontera, después de un paisaje de pueblos originarios, después de un paisaje de muchas subidas y bajadas…
Luego de 8 meses de pedaleo por parte de Argentina y Chile, decidimos recorrer un poquitito más nuestra linda provincia –prov. de Buenos Aires– y aprender a percibir ese camino tan conocido y rutinario que formaba parte de nuestras rutas motorizadas pero no de nuestra ruta a pedal.

Pasamos muchísimas veces en auto -en diferentes autos-, algunas en micro: todas fueron iguales. Pasamos una vez en bicicleta y el camino fue totalmente nuevo. Y si lo pedaleáramos 5 veces más, seguramente sería 5 veces distinto. Porque viajar en bicicleta tiene eso, ningún pedaleo será igual al anterior –aunque coincida paisaje, personas, y nosotros mismos-.

Sentimiento hacia lo nuevo-conocido

Seis días de pedaleo alcanzaron para que ese camino dejara de ser rutina. Volvieron los “hayyyy, qué lindoooo… mirá!!!”. Aparecieron los “No sabía que este pueblito podría ser tan lindo, pensar que pasamos tantas veces por la puerta”, “en auto parece taaan cerca, ¿faltará mucho?”. Desmentimos los “en estos 200 km no hay nada de nada de nada…” y revolotearon los “¿Te acordás cuando vinimos acá..?” “¿tan grande era este pueblo, la otra vez parecía más chico?…”

Muchísimas veces desde la ventanilla del auto miramos el mismo paisaje, lo que no creímos cuántas cosas nos estábamos perdiendo!!!
Ese verde infinito que te rodea da la sensación de que las distancias son eternas. No me había percatado que las banquinas no existen y que si querés descansar al costado del camino tenés que jugar a la búsqueda del tesoro para encontrar un pequeño lugar donde los pastos –demasiado crecidos- no te invadan.

Las invisibles culebras avanzan lento atraídas por el calor del asfalto y ahuyentadas por el ruido de los motores, mientras esas enormes ruedas parecen jugar a quién aplasta más cantidad. Pobrecitas! El verde y amarrillo brillante pasan desapercibido a los ojos de los automovilistas. Qué lindas que son, sus colores me atraen, nunca las tuve tan cerca, quiero cargarlas en mi alforja y llevarlas lejos del tránsito para que puedan sobrevivir. “¿Estaba viva? Sí, esa estaba viva, ¿no?”.  

 “Faaaaa, qué enormes!!! –expresión como de una hormiga al ver un elefante-.
¿Serán comestibles o venenosos?”
“Qué riiiiico”

Se nos hacía agua la boca pensando las ricas comidas que podíamos hacer con semejantes champiñones. Tenían una pinta! Pero la verdad es que nunca supimos –hasta Tandil- cómo reconocer si un hongo es bueno o no. Así que, ante la duda no los juntamos, nos quedamos con las ganas!. Y qué pinta que tenían!

“Me encanta este paisaje, es tan liiiindo” –dicho con tono de enamorada-. “Me encanta el verde. Y hay mariposas, pajaritos, flores, animales, es todo lindo!”.
“Qué linda que sos Buenos Aires” –dirigiéndome a la provincia, no a la Capital-.

Sentimiento hacia lo (no) seguro

“¿Estás seguro que hay algo?” “Todos nos dijeron que no había nada de nada de nada… y la supuesta estación abandonada no aparece más… ¿estás seguro?”

“Sí, tiene que ser más allá”

“¿No estará desactualizado ese mapa? Sino buscamos alguna tranquera y dormimos por ahí, alejados de la ruta… Se nos está haciendo la noche y no hay nada”.

Ahí está, ¿ves el cartel? Real Audiencia”.

Por fin apareciste!!!

A simple vista –desde la ruta- realmente no había nada de nada de nada. Pero siguiendo por un camino de tierra de 2km hacia adentro, encontramos el lugar perfecto para armar la carpa y pasar la noche. Una pequeña escuela, una casa –donde nadie respondió- y las vacas que hablaban cada vez más fuerte –parecía que nos estaban pidiendo comida-. Un hermoso atardecer nos despidió y nos habilitó para descansar después de un día de intenso pedaleo y de varios minutos pensando que los yuyos iban a ser nuestra morada.

Los primeros meses del viaje nos preocupaba bastante dónde íbamos a dormir. Con el tiempo nos dimos cuenta que siempre encontrábamos un lugar seguro para armar la carpa –la mayoría de las veces mucho mejor del que esperábamos-. Esa sensación de preocupación desapareció por completo. Ahora parecía querer volver a molestarnos, pero una vez más el lugar adecuado nos estaba esperando.

Acá armamos la carpa y pasamos la noche

Sentimiento hacia lo (conocido) que aún nos sigue sorprendiendo.

Después de varios meses de vivir viajando en bicicleta nos dimos cuenta que siempre el camino te sorprende –para bien- y lo más probable es que consigamos un lugar para ducharnos y, obviamente, para poner la carpa. Cuando uno llega a un pueblo, varias son las ofertas, sólo hay que saber preguntar y estar abierto a escuchar distintas respuestas.

Después de pedalear 118km –y de estar orgullosos con nosotros mismos por la distancia realizada- que alguien te ofrezca una ducha muy caliente, un dormitorio con varias camas y un lugar calentito para cocinar y hasta mirar televisión (aunque no seamos muy fans), te sigue sorprendiendo y gratificando. Ayacucho nos recibió con unas riquísimas facturas y un lugar ideal para pasar la noche y descansar luego de tres intensos días de pedaleo.

Muchas gracias Ayacucho! Nos prestaron un muy lindo lugar para ducharnos y pasar la noche!

Sentimiento de no era para tanto hacia el cuco de las subidas

Los lectores frecuentes ya sabrán que las subidas son un cuco al que con el tiempo –y bien de a poquito- le estoy perdiendo el miedo. Acercándonos a la ciudad de Tandil teníamos varias subidas y bajadas. Mi cabeza se dividía en dos:

Por un lado, «con todos los kilómetros que tenemos pedaleados –y muchos en subida-, este camino va a ser uno más.»
Por otro lado, volvimos de visita y «hace un mes y medio que no hago nada de ejercicio, ¿y si mi cuerpo se desacostumbró?».

Resultado: pedaleamos las subidas, fuimos lento, nos costó un poquito, no tuvimos que caminar y fue mucho más tranqui de lo que nos imaginábamos.

Sentimiento de cualquier lugar es cómodo para dormir una siesta reparadora -de pedaleo-.

Uf, qué noni!!!

Supongo que la mayoría de los ciclistas no deben hacer esto. Pero para mi la siesta hay días en que es casi una necesidad obligada. 20 o 30 minutos me son suficientes. Intento buscar una sombra y tirarme a descansar. A veces logro dormir muy profundo, otras dormiteo y otras sólo descanso, pero es un gran momento y casi fundamental del viaje.
Nico aprovecha ese tiempo para relajarse pero generalmente no duerme, a veces -como este- saca algunas fotos. Es el encargado de despertarme para seguir camino. Acá estaba tan plácidamente dormida que me dejó como 20 minutos más para no molestarme! 😉

En la próxima nota te contamos nuevas historias vividas desde Berisso a Tres Arroyos en bicicleta.   

¿Conocés este recorrido? ¿Lo has hecho en bicicleta, auto, colectivo? ¿Qué es lo que más te gusta del camino? ¿Alguna recomendación? Te invitamos a que nos dejes tu experiencia en los comentarios para compartir con otros viajeros. 

 

Autor: deviajealmundo

Lechu Villalba y Nico González, una pareja argentina que amamos viajar. 🌎Durante tres años recorrimos parte de sudamérica en bicicleta. Hoy elegimos nuevas formas de viajar. 👉 En deviajealmundo te damos todas las herramientas para que puedas organizar tu viaje dependiendo tus gustos, preferencias y presupuesto. ✨Todos los consejos que leas en este blog son los mismo que recomendaríamos a un amigo o familiar cercano. ¿Estás listo/a para tu próximo viaje? Dejanos tu comentario para más consultas. Lee todas las entradas de deviajealmundo

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